Conferencia-presentación

 

Qandil. Luces del Poniente /Conferencia-presentación

             

Francisco Martínez Dalmases

 Moderadora: María Jesus Vigueras Molins

Palacio del Bailío. Biblioteca Viva del Alandalus

Cordoba. 6 de Abril 2011

 Desde siempre he escuchado historias sobre gentes y circunstancias que no encajan en la España que nos es familiar. Fragmentos que hablaban de algo distinto: un gremio de tejedores musulmanes que había sobrevivido hasta mediados del siglo XX  en Almería, testimonios de cómo las tropas auxiliares marroquís de Franco fueron recibidos en algunos pueblos por gentes con libros escritos en árabe que salían de viejos arcones,  sanadores rurales que aplicaban métodos de teurgia islámica. Una pareja de bandoleros de la Sierra de Ronda, quienes a la hora de ser ajusticiados, a finales  del siglo XIX confesaron ser musulmanes.  Fragmentos con poca cohesión, pero que apuntaban a un sustrato diferente. 

 Hará unos diez años tomé la decisión de bucear en ese sustrato, en un intento de averiguar la fuerza y realidad de esos fragmentos. Pronto descubrí muchos otros y además tuve la fortuna de conocer a una familia manchega que en la España de esta generación se habían redescubierto a sí mismos como judios al tejer los hilos de todo lo que era diferente en su memoria y costumbres,  y además aceptaron compartir su historia conmigo. Entendí que ese proceso  era el mismo que yo intentaba hacer a otro nivel. A partir de ahí comencé a tejer hilos de la memoria islámica y judía que no se reconocen como tales.

 Mi proyecto inicial era reconstruir un puñado de historias que identificaban a quienes no eran parte de la memoria colectiva, y como podían aflorar sus orígenes. Eso encajaba bien con otra línea que iba a contener el libro, cierto modo de percibir el potencial humano desde la óptica del tasawwuf islámico –lo que se denomina camino sufi- , tan ligado a la huella interna de lo español. Desde cierta perspectiva el tasawwuf afirma que el ser humano debe recobrar  la memoria de su origen más allá de su grupo social, su cultura,.. incluso su tiempo histórico. Así que había dos líneas en el libro que se entrecruzaban y daban sentido una a otra. Ese era el proyecto inicial.  Diez años más tarde, podría decirse que esas dos líneas están presentes en el libro, pero para poder plasmarlo con fidelidad, los ingredientes se han mezclado y han tomado vuelo de un modo insólito incluso para mí. El propio proyecto me ha tomado de la mano y me ha obligado a investigar ciertas sombras de la historia española y las lagunas que  contiene.

 Para entender porqué la marginación de todo lo islámico y judío en la historia española, el porque del soterramiento de su identidad, porqué se crea el absurdo mito de la invasión árabe en el 711.  Para entender todo eso hay que desvelar algo fundamental, el hecho de que el pueblo español, al margen de la comunidad judía. a partir del siglo octavo y en el curso de varias generaciones evoluciona en su religión desde el cristianismo unitario (arrianismo) al Islam. No desaparecieron millones de españoles por arte de magia y aparecieron millones de árabes en la península. Ese acto de magia teatral no ocurrió. El disfraz histórico, a mi modo de ver, tiene su origen en un intento de crear una línea religiosa uniforme como identidad histórica para España,  al margen de la realidad de su gente. 

 Cuando yo era un niño de 9 años y mostraba cierta querencia por la historia, mis padres me regalaron un libro de la vieja colección Austral. El libro, escrito por un inglés-sueco, Charles Henningsen, describía doce meses de campaña con las tropas de Zumalacárregui durante la I guerra carlista. No me pregunten porqué se le regala un libro así a un niño de 9 años, pero lo cierto es que me fascinó. Henningsen era un buen observador. Al paso por uno de los valles del país vasco observa los escudos nobiliarios de sus casas y se detiene ante uno de ellos, donde al lado del escudo de armas tallado en piedra hay una leyenda que siempre he recordado: “Antes de que Dios fuese Dios y el sol alumbrase los peñascos, ya era noble la casa de los Velasco”. Charles Henningsen, comenta estas peculiaridades de los españoles, pero es una peculiaridad que describe un modo de abordar la historia.  Esa visión, donde la nobleza, la creencia  o la línea familiar deja en un segundo plano al principio creador o al astro que te alumbra, ese es un ingrediente en el colectivo español que hay que tener en cuenta a la hora de abordar sus raíces

 Americo Castro, que fue uno de los primeros en ver una extraña sombra en la identidad española, lo resumió muy bien, en su libro España en su Historia, cito: “El español no se dejó unificar mediante razones, conocimientos y leyes, sino a través de mitos y creencias”.

 Es arriesgado presentar unas historias que hablan de quienes no figuran en la narración de la sociedad que creemos ser, en el pacto colectivo que nos hemos transmitido. Las últimas huellas públicas del pueblo judío en la historia española creo que se remontan a finales del siglo diecisiete, en los procesos contra los chuetas en Mallorca. La historia no habla de judíos en la España de los tres últimos siglos. Pero en las últimas décadas se han producido emigraciones de familias españolas enteras hacia Israel en busca de redescubrir unas raíces que guardaban como secreto familiar, cuando los emigrantes son de Mallorca o Cataluña puede entenderse, pues había huellas tenues en esas áreas, cuando son gallegos se abre una inmensa interrogante. En algún lugar estarían, con alguna identidad incógnita, en la España de un solo color. 

 En la vertiente islámica los últimos datos de comunidades de moriscos, conocidos públicamente son los procesos de la Inquisición en Granada, Julio Caro Baroja, que los investigó, los sitúa en 1728. Menos conocido, pero también documentado, es el descubrimiento por parte de la Inquisición de una mezquita clandestina en Cartagena en 1769. Ese es el epílogo público, pero hay una importante identidad islámica en la España contemporánea, escasamente valorada y que nos habla de otra realidad.. Me refiero a Rodolfo Gil Benumeya, escritor, periodista y diplomático, quien nació en 1901 hijo de un cordobés de Puente Genil  y de una mujer granadina, de apellido Torre Benhumeya, descendiente de los Beni Umeyya, o casa real cordobesa. Rodolfo Gil Benumeya afirmó ser musulmán por transmisión familiar.  Su hijo, Rodolfo Gil Benumeya Grimau siguió los pasos de su padre como escritor, hombre de cultura y musulmán. La única mención pública del Islam clandestino que ambos conocían se produjo hace unos años, cuando Rodolfo Gil hijo, en un artículo titulado “Sobre la diáspora y la ocultación moriscas dentro de su patria. Hechos y recuerdos por vía verbal” aborda algunas relaciones de ese “islam interno”.  Allí menciona la red de antiguos moriscos en algunos lugares de Andalucía, y también algunas confidencias recibidas a lo largo de su vida por parte de familias donde existía una huella clandestina del Islam.  Uno de los episodios más sorprendentes que menciona es un frustrado viaje del general Franco a las Alpujarras a finales de los años 40 , el viaje se canceló en el último momento por la presencia de maquis en la zona.  Lo peculiar es que esos maquís llevaban barba y turbante. En algunos lugares, cuando la gente se echó al monte, se echó al monte con toda su historia detrás.

 El mito que se basa en el  “Antes de que Dios fuese Dios y el sol alumbrase los peñascos..”, un modo de abordar la historia, nos dice que la España pura y católica desde sus albores fue invadida, violada, en el año 711 y se necesitó un esfuerzo de siglos para expulsar a los extranjeros y que floreciera la verdad una vez más, proceso que terminó en 1492. La historia del Islam en España, según esa narración, surge con un ejército  árabe de siete mil a diez mil jinetes. El rey Don Rodrigo es traicionado por los hijos de Witiza y los “árabes” entran en España.

 Intentaré no aburrirles con datos históricos, pero hay que situar algunos ingredientes para entender que siempre ha habido judíos y musulmanes en España.  El cristianismo original, algunos lo denominan unitario, que antecede al catolicismo, carece de jerarquización, tan sólo existen los obispos en lugares donde se congrega una gran comunidad.   Los hermanos laicos que presiden las congregaciones, al estilo de Prisciliano, no son célibes. No existe doctrina de la Trinidad y algunos grupos cristianos niegan un pecado original. En realidad tiene tantos puntos de encuentro con el Islam como con el posterior catolicismo. 

 Abordar los antecedentes del Islam en España de este modo tiene una etiqueta descalificante en muchos círculos eruditos:  olaguismo, ya que Ignacio de Olague  escribió un libro “La Revolución islámica en Occidente” que cuestiona radicalmente la leyenda sobre la supuesta invasión árabe de España.

 Mi intento de leer el texto de Olague, hará unos quince años, concluyó en su capítulo acerca de San Eulogio de Córdoba. Me pareció imposible que existiese tal agujero en la historia española, pensé que se había equivocado. Al profundizar en fuentes medievales he tenido que volver sobre San Eulogio de Córdoba, y para mi sorpresa incluso la Iglesia católica refiere el incidente sin darse cuenta de las implicaciones.  San Eulogio, que pertenecía a la minoría católica en Córdoba y recibió una educación exquisita, no estamos ante un anacoreta aislado, viaja a Navarra en el año 850 –en su camino hacia Francia, donde no puede llegar a causa del estado de guerra en los Pirineos- y en el monasterio de Leyre descubre la existencia de un manuscrito con la biografía en latín del profeta llamado Mohammed, para él desconocido hasta ese momento, y así se lo transmite a su congregación a su vuelta a Córdoba. Desconocía la existencia del Islam en España, para él la religión y cultura con la que se encontraba enfrentado en Córdoba era el arrianismo, los cristianos unitarios. Esto describe la calidad de las leyenda del 711, y la supuesta columna árabe que avanzó hacia Córdoba, penetró por una brecha en la muralla y en una noche se apoderó de la ciudad.  Y esto nos da una pista de como se ha construido la leyendo del otro. El otro, fuese judío o musulmán no era español, no podía serlo. Por Dios, que no lo sea.

 El profesor Ali Kettani, que se convirtió en rector de la Universidad Averroes aquí en Córdoba, tuvo contacto con algunos de esos españoles contemporáneos descendientes de moriscos, y comentaba un hecho bastante desconocido, hablaba del contínuo goteo de españoles que hasta el siglo XX, emigraban a Marruecos, se casaban y se quedaban a vivir allí  como modo de engarzarse con sus raíces culturales. Esto no está reflejado en ningún libro de historia en España, pero forma parte de la realidad que muchas familias han vivido.  

 Por cierto, en el Bajo Cinca, en particular en Fraga, se mantuvo hasta principios del siglo XX un tradición de sanadores que utilizaban libros talismánicos con escritura árabe, con toda probabilidad lenguaje aljamiado. Lo más sorprendente es que a principios del siglo XX algunos sabían leer los trazos. Rodrigo Pita Mercé estudió estas prácticas y lo comentó en el libro “Lérida Morisca”. Hablé con él hace unos años y era un anciano un tanto desencantado. Rodrigo  Pita Mercé fue juez de comarca en Fraga en los años 50 y 60, y veía difícil cómo contarle a la gente que había otros hilos en la historia.  Hace un par de semanas le llamé para decirle que había publicado el libro y darle las gracias por la información acerca de los adobets, los grupos errantes catalanes, y los libros talismánicos de Fraga. Cogió el teléfono directamente y pronto la conversación se caldeó, este testigo de la gente del bajo Cinca durante un par de décadas me dijo algo que yo desconocía, no se si está recogido en algún texto: “lo más curioso es que la gente de Fraga no podían pronunciar la P, la cambiaban a B”.   Como ustedes bien saben ese es uno de los rasgos de poblaciones que tienen un trasfondo lingüístico árabe, no pueden prounciar la p y la convierten en b. Nunca se habla lo suficiente con personas que han identificado otros hilos en nuestra cultura.

 No soy el primero en describir a los españoles obligados a una memoria marginal.  Otros lo han hecho con más ingenio y mejor pluma.  El primero de ellos fue Miguel de Cervantes, quien en la II parte de El Quijote,  habla del encuentro de Sancho Panza con el morisco Ricote, y  como este confiesa su vuelta a España de modo clandestino, tras vagar por Europa como tudesco, lo cual nos da  una pista sobre el destino de una parte de los expulsados, ya que muchos moriscos que partieron por lo que se llamó la ruta francesa, regresaron de este modo, mezclados entre bohemios y tudescos.   Describe Ricote el pesar de muchos de estos expulsados, que prefieren regresar a la dureza de su propia tierra que vagar en libertad por Europa.  El propio nombre de Ricote evoca el valle de moriscos en Murcia, donde muchos permanecieron al margen de las expulsiones. Cervantes entrega la II parte de El Quijote a imprenta en el año 1615, cinco años después de las expulsiones, lo cual le coloca como observador privilegiado.

He querido recrear un trozo de la memoria española en forma de mosaico donde se muestran estos fragmentos de identidad dispersa, y he intentado crear un diseño al ensamblarlos. En algunos casos las historias están extrapoladas en base a varios fragmentos, en otras dibujan una silueta cercana a algunas historias personales. Algunas líneas narrativas proceden de confidencias, otras de estudio de textos dispersos en trabajos de cronistas locales que no alcanzan notoriedad, y otras proceden de mi mirada. Todas las historias vuelcan en un cuenco, así veo al libro, donde es posible sanar la memoria colectiva.  Escogí construir el libro de este modo, pues no creo que los tiempos estén ya para teorías. Creo que hay que contar las cosas de otro modo. 

 Para terminar, me gustaría mencionar un par de nombre que quizá les sean  familiares:

 Hace unos años un ilustre marroquí, Mohammed Bargach, escribió un libro sobre la historia de su familia y la búsqueda de sus raíces. El árbol de su familia incluye consejeros reales, ministros de asuntos exteriores del reino alauita, líderes de la ciudad de Salé, y buceando en el tiempo, a los líderes de la comunidad morisca expulsada de Hornachos, que tras su éxodo de Extremadura, estableció la república de Salé, al lado de Rabat, y retrocediendo en el tiempo, sí, la familia Bargach en realidad es una rama de la familia Vargas, que nos es familiar en muchas manifestaciones culturales –y que podríamos asociar con un lejano parentesco morisco-  . Pero, pero, retrocediendo en el tiempo los Vargas en realidad son una familia castellana, cuyo ancestro más notable, Juan de Vargas, ayudó a Alfonso VI en la conquista de Madrid en 1085.  Los Vargas, con sus muchas ramas, escenifican lo que la institucionalización de la historia española ha intentado ahogar por lo civil o por lo militar, la extraordinaria capacidad de mestizaje cultural, religioso, humano, que un día arraigó en esta tierra. Y los Bargach marroquíes mantienen como escudo de armas un yelmo castellano con penacho, y unas ondas azules en campo de plata, posiblemente recuerdo de su origen al lado del Cantábrico.

 Manuel Pimentel publicó hace unos años un libro, Los Otros españoles, escrito conjuntamente con Ismael Diadié, el presente depositario por línea familiar de la biblioteca Kuti  en Tumbuctú. Esta biblioteca, clave para conocer España desde otra orilla, fue ensamblada a partir del embrión que estableció Ali Ben Ziyad, un exiliado español, sediento de conocimiento, que en el siglo XV viajó por el Norte de Africa, añadiendo a su fondo de manuscritos españoles, otros que compraba en sus viajes. Ben Ziyad terminó por asentarse en Gumbú (Mali) y sus descendientes derivaron  finalmente hasta Tumbuctú.   Este personaje, Abu Ziyad al Quti, en su origen era un juez toledano, cuyas raices familiares emparentan con el rey visigodo Witiza, convertidos en musulmanes y conocidos como familia Banu Quti. Bueno es saber que los descendientes del último rey visigodo son musulmanes establecidos en Tumbuctú durante generaciones

Esta es también la España real y los españoles.

 Creo que ya toca, ya es hora que nos reconozcamos bajo las diferentes culturas, religiones y tiempos en las que hemos convivido.  Hay un punto de memoria retorcida en lo español y olfateamos diferencias muy nuestras como algo ante lo que hay que reaccionar con agravio. Más allá de las dos Españas que versificaba  Machado, existe una tercera España silenciosa y de memoria tapada, con cierto peso de marginalidad, que ya toca que se abran las ventanas y corra el aire. Los españoles también somos judíos y musulmanes. Y ante unos tiempos que vienen cargados de dificultades  necesitamos integrar plenamente todas nuestras fuentes. Las cicatrices de identidad que arrastramos desde hace siglos producen líneas de fractura  y  los mitos religiosos medievales ya no nos sirven de nada. Creo que en nuestra historia se escenifican de modo cíclico esas fracturas, y debemos ser conscientes de ello. Ya es hora  de que nos reconozcamos en todas nuestras realidades. Que se abran las ventanas y corra el aire.

Gracias.

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Una respuesta a Conferencia-presentación

  1. ereca dijo:

    Que maravilla, que riqueza y que interesante esa intrahistoria cotidiana, muchas gracias por este precioso trabajo

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