El Valle de los Adoradores del Sol

 

Francisco Martínez Dalmases

Junio 2011

El día se ha vuelto frio y una ligera lluvia me recibe a la entrada del valle. He venido hasta Riopar para encontrarme con Juan Valero Valdelvira y se respira un agradable aire húmedo. Las oficinas de Maderas Nobles del Segura son confortables y luminosas. Me sorprende una vez mas que un emprendedor de cien proyectos, alguien a quien se podría asociar con otros escenarios sea uno de los pocos españoles contemporáneos que haya afirmado sin cortapisas el pasado morisco de su familia, su raíces cripto-islamicas.  El saludo es cordial y creo que el sentimiento mutuo: podemos hablar y compartir unas horas sin temor a que nuestra conversación parezca extravagante.

                Juan quiere dar una pequeña vuelta por el valle, para enseñarme algunos de los escenarios de su infancia. Camino arriba en su coche, conecta un DVD de El Cabrero, esta claro que le admira: “es uno de los pocos que canta flamenco por derecho” y parece conocerle bien, surgen comentarios acerca del cantaor y su compañera Elena, que es la que da forma y compás a las letras que El Cabrero escribe, en muchas ocasiones  anotaciones fragmentarias en el campo. La canción que Juan parece empeñado en que escuche es una mariana que se titula: “El Rio de los Flamencos”, la voz tiene fuerza y la letra muchas resonancias “… reata larga, que arrastra quejíos y lamentos…” El camino forestal desaparece en un pequeño claro de montaña.  Ese trozo de bosque había pertenecido a los antepasados de Juan, pero eran tan pobres que no tenían dinero para escriturarlo y lo perdieron. Una fuente ahora cegada la recuerda con un caudal similar a la de Viznar, otra fuente secundaria ha sido labrado con piedra y cemento en una forma de escaso gusto, pero que se hace notar. Subimos a la boca de la fuente, el agua es muy fría y el sabor se asemeja a algo que se podría denominar “agua dulce”. Juan me muestra otras fuentes secundarias –la montaña entera esta atravesada por vetas de agua- y comienza a nombrar lugares de la sierra, costumbres y aperos, muchos de ellos con raíces árabes, Juan Goytisolo le visitó varias veces en los años 80 y parece haberle desentrañado el significado de voces que por aquí era costumbre sin saber su origen. Otras palabras tienen origen en el lenguaje ibero, cuya semántica Juan parece haber estudiado:     

                -Tres escipiones romanos murieron luchando contra los iberos en estas montañas, tan solo el cuarto logro imponerse-  comenta Juan. Sin duda la irreductibilidad geográfica y humana en la Sierra del Segura es el origen de uno de los secretos mejor guardados.

                Bajando por el camino forestal hacia la casa de Aurora, su madre, nos paramos para ver el valle desde varios ángulos y surgen algunos comentarios:

                -Fue el libro de Gerald Brenan. “Al Sur de Granada” el que me dio la clave, al leerlo y conocer la vida de la gente de Yegen, me di cuenta que las mismas historias, pero mas intensas y mejor conservadas, era lo que yo había vivido en la infancia. Al volver, comencé a preguntarle muchas cosas a mi madre… Brenan escribe el 1.927,  y eso y más costumbres de corte “inequívoco” las hemos vivido aquí al menos hasta el 1.964 que es cuando emigramos. Estaría bien repasar el texto y señalar las veinte o treinta constumbres….seguro que la gente ya no se hace tanto la ofendida porque van a recordar cosas y sabrán que esta rama de los Valdelviras no miente cuando hace esas afirmaciones….….no sólo pregunté a mi madre….¡pregunté a todo títere! pero tuve la mala pata de perder todas las anotaciones que hice entre 1.975 y 1.978 que es cuando trabajé esta recuperación de palabras, gestos, rutinas, ancestros….

                La pobreza de finales de los 50’ y principios de los 60’ es la que saco a su familia del Valle, su padre trabajó en Barcelona y Valencia, al perder su empleo volvió al valle con cincuenta y cinco años y retomó su labor de agricultor autosuficiente y matarife, y otra pieza comienza a dibujar un mosaico.

                -Le acompañé muchas veces, luego he cavilado que cuando hacía la matanza orientaba la mesa hacia el Levante (dirección qibla), esto era fácil cuando la orientación de muchas casas en el valle es orientación este, pero cuando en algunas casa la orientación es norte cambiaba la orientación de la mesa de matanza, con la cabeza del animal al este, como si fuese un atavismo incomprensible. Esa orientación no tenía la precisión de la brújula, pero en ocasiones coincidía plenamente.   

                En una curva con un amplio arcén nos detenemos, desde ahí se divisa Riopar viejo, el pueblo encaramado en un risco y coronado por un desvencijado castillo que apenas conserva algún lienzo de muralla. Juan muestra su desaprobación por como se han derribado algunas casas y se han reconstruido con colores y volúmenes ajenos al valle.

                -Era un pueblo blanco al borde del castillo, ahora ya no es…-  Afloran historias de cómo han cambiado las circunstancias en lo que era una sociedad muy cerrada al exterior. La especulación inmobiliaria y luchas de poder también han penetrado en el valle, y el bien más abundante: el agua, parece convertirse en tentación para algunos.

                – Por casualidades el periodista Eugeni (Eugeni Casanova-ver artículo adjunto) se enteró de las historias en las que andaba metido y nos visitó varias veces, una de las veces  le preguntó a un viejo amigo de nuestra familia si había oído hablar de musulmanes en el valle. “Quia, nunca”, fue su respuesta. Entonces se le ocurrió preguntarle: “¿Y adoradores del Sol? ¿Habia adoradores del Sol en el valle?” El anciano señalo el pueblo encaramado en la roca  (Riopar viejo) y me dijo: “Si, muchos, cuando yo era pequeño, por las mañana se ponían allí en hilera y se levantaba y postraban en dirección al Este (qibla). Hasta entonces no había sabido hacer la pregunta, y Eugení encontró la tecla.

                Las investigaciones de Juan parecen confluir en el año 1570, con la derrota de los moriscos en la guerra de las Alpujarras, un grupo de ellos escogió la sigilosa ruta Norte para huir de las deportaciones forzosas del Reino de Granada. La inaccesibilidad de estas tierras posibilitó su refugio.

                -Hay torres albarranas hundidas  en el Valle, entonces existía un sistema de señales mediante espejos para comunicarse de torre en torre a largas distancias. Aquí se podía saber lo que ocurría en Granada en un espacio muy corto de tiempo.- Me vienen a la mente las torres albarranas que en viajes anteriores he visto en las faldas de Segura de la Sierra, en camino hacia El Tranco, y puedo reconocer la ruta de comunicación que propone Juan.

                Aurora, guardiana de la memoria de la familia Valdelvira,  nos recibe con mucha cordialidad, esta cocinando andrajos, plato tradicional de la sierra para que los pruebe; el olor es delicioso y la torta de pan que pone a hornear en los ladrillos calientes del hogar y cubre de brasas candentes me sorprende, mas me sorprenderá cuando lo pruebe.

                He observado los dinteles de ventanas y puertas, con un degradado azul, que siguen el patrón de cerco de las casas tradicionales de La Mancha.  Les comento mi visita hace unos años a la Profesora Joaquina Albarracín en Granada, que tradujo la Miscelánea de Salomón -el manuscrito tapiado que se halló en una casa de Ocaña- donde cada genio-jinn es obligado a relatar sus características, cómo ataca a los humanos y cual es el remedio para los males que inflinge. La Profesora Albarracín, que en su juventud residió en Larache y conoció las costumbres populares marroquís, me comentó en su día que el color azul-añil era el protector ante algunos genios, para que el mal de ojo no entrase en la casa. Había un resto de creencia en el mal de ojo en el Valle, y Aurora comenta que una vecina suya siempre escondía a Juan, cuando este aun estaba en la cuna, de una mujer mayor que a veces les visitaba y a quien se le asociaba la propiedad de atraer el mal de ojo. Curioso el paralelismo, ya que Joaquina Albarracín me identificó el recóndito lugar de la provincia de Granada donde aún practicaban el conjuro del garabito (basado en la Mano de Fátima) para ahuyentar el mal de ojo en los niños pequeños.

                Mientras prepara la mesa del comedor Juan abunda en unos comentarios que había realizado con anterioridad, acerca de la red geobiológica de Hartmann, y como las casas tradicionales de moriscos se construyeron teniéndolo en cuenta. De nuevo una imagen viene a mi mente de un grabado medieval de la Vega de Granada, donde algunos zahories con varas de avellano seguían unas líneas discontinuas trazadas sobre el paisaje, los viejos zahories eran indispensables para ubicar los lugares habitables. Esta ciencia la incorporaron los alarifes moriscos en su construcción. Juan ha traído al hogar de su familia materna a un geobiólogo y le ha confirmado que la red de Hartmann determina la construcción. Al parecer la cabecera de mesa del salón, donde debe sentarse el cabeza de familia, es el lugar donde confluye el mayor cruce de energía: -Le daba fuerza, pero también responsabilidad, al cabeza de familia.

                Los andrajos resultan ser un plato “de sustancia”, la mezcla de puchero de bacalao, pan, pimientos y especias es muy atractivo. No es plato para estómagos tímidos y lo disfruto plenamente. La torta de pan, parecido al naam uzbeco u algunos de los panes planos que se pueden degustar en Turquía, es sencillamente apoteósico, podría comerme la torta entera y debo restringirme por un sentido del decoro. Quizá mis impresiones se están dejando llevar por la hospitalidad llana de mis anfitriones, Aurora, Juan y una amiga de la familia que se ha invitado por solidaridad, pero unos comentarios sitúan el escenario en su justa medida: pronto se publicará un libro de recetas de la Sierra del Segura basado en la cocina de Aurora, las recetas ya están escritas y ahora hace falta que venga un fotógrafo desde Barcelona para plasmar la gastronomía en imágenes. Como en un anuncio de televisión al descubrir una Arcadia feliz donde se cocinan las viejas recetas que solo unos afortunados pueden degustar al ir más allá de lo habitual,   así estoy disfrutando de lo que no se halla en restaurantes;  con la ventaja de que las cámaras que rodarán el anuncio aún no han llegado hasta aquí.

                Carretera abajo, de vuelta al Riopar Nuevo, Juan comenta que cuando era pequeño a los niños se les espantaba, no con las expresiones habituales en otros sitios: “Que viene el tío del saco”. “Que viene Camuñas”, etc.  En el Valle la expresión era: “Que viene el tío del sebo”. El “tío del sebo”, expresión granadina de origen medieval, cuando obligaban a los niños a comer una tostá untada en grasa de cerdo al paso del santo oficio para identificar purezas religiosas. Esta antigua memoria racial quedó incrustada en el Valle. Los miedos de unos y los rumores y resquemores de otros han estado siempre a flor de piel y han labrado códigos en el Valle que hay que entender en su origen.  

                Antes de llegar al pueblo, conecta de nuevo el DVD de El Cabrero con el cante El Río de los Flamencos, como si yo aún no hubiese comprendido algo importante. Al escucharla se me agudiza la percepción, en la voz intensa de El Cabrero descubro algunos de los códigos que he seguido al escribir el libro Qandil .   

“En lo alto de la sierra, nació de la piedra y se hizo camino.

Sin prisa llegó a Triana, abriéndose paso entre montes y olivos y tierras de calma.

Le fue llamando el lamento de la antigua y bronca garganta,

Y a su paso hondo y lento, el río conoce la voz del que canta más allá del tiempo.

El río de los flamencos, ese que tiene la reata larga, que arrastra quejíos y lamentos,

Que llora y que canta.

Quiero que suenen para siempre en sus orillas, que se escuche para siempre en sus orillas;

Serranas, soleás, soleares, tonás y seguiriyas.”

 

                En la oficina, Juan me enseña un mapa de la Sierra y me describe algunos lugares con pueblos  recónditos, de uno ellos procedía el padre de Vene (ver articulo Eugeni Casanova), que a veces ojeaba un libro antiguo con extraños caracteres que mantenía escondido en una viga de su casa. Fascinante geografía la de esta Sierra, llena de rumores de agua y antiguos silencios.

                En unas semanas Juan emprende una nueva empresa, va a recorrer andando más de dos mil kilómetros por caminos de sierras, siguiendo lo que él llama la Ruta de las Ardillas, divulgando como el pinsapo meridional fue la base de los abetos europeos, al trasportar las ardillas la simiente por las crestas montañosas de las cuencas. Le esperan entrevistas, cansancio y esperanzas. Una nueva empresa para divulgar una conciencia ecológica y global, de pertenencia a algo superior al conjunto de nuestras individualidades.  Nos volveremos a ver. ¡Inshallah!

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Una respuesta a El Valle de los Adoradores del Sol

  1. Caden dijo:

    Short, sweet, to the point, FREE-exactly as ifnromaiotn should be!

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