El pueblo del Sendero

 

 

El Pueblo del Sendero

Desde estas estrellas, como candelabros colgantes,

desde esos toldos azules del Firmamento.

Ha venido un pueblo maravilloso,

de modo que los misterios puedan ser revelados.

Jalaluddin Rumi

Muchas son las teorías sobre el origen del Tasawwuf, conocido como camino sufí en Occidente. A pesar de su vínculo histórico con el Islam, siempre ha habido dentro del universo sufí una línea –no basada en teorías, sino en percepción- que vincula esta levadura vital con un origen más allá de cualquier marco histórico o geográfico. El propio Islam comparte este origen -el din islámico no se presenta en la revelación coránica como una religión diferente, sino como el perfeccionamiento de la tradición perenne, por muy extraño que esto suene-  Las referencias a los hanifi/tahannuf muestran el vínculo con la tradición unitaria desde los albores de la humanidad.  El Profeta Mohammed señala esta continuidad y al tiempo muestra el desapego a cualquier institucionalización:

“Trata a este mundo como yo lo hago, como un viajero, como un jinete que se detiene a la sombra de un árbol por un momento, y luego prosigue su camino.”

Es importante señalar estos factores, ya que el Tasawwuf-camino Sufi fue el ingrediente sutil que daba coherencia interna a la civilización andalusí. El ascetismo podía ser una de las imágenes de algunos sufís de esa época, pero no la única, de hecho algunos de los más altos exponentes de Tasawwuf se distanciaron de cualquier exceso de celo religioso: Abu Bakr Muhammad ibn Tufail (médico, matemático y estadista, autor de “Hay ibn Yaqzan”), Ibn Bayya (Avempace, médico, botánico, músico), Abdurahman ibn Jaldun (viajero, historiador, el primer sociólogo de la historia). Quienes optaron por proyectar su obra en lenguaje filosófico o gnóstico, chocaron con la institución religiosa toda su vida: Ibn Sab’in, Ibn Masarra, Muhiyuddin ibn al Arabi.

Al rastrear las huellas de seres donde arraigó un sentido diferente del destino humano, el enfoque ha venido casi siempre desde el ángulo religioso, como si esa fuese la única puerta para acercarse a su obra y percepción. Quiero presentar dos textos desde otra perspectiva e invito a considerarlos como documentos de importancia crucial para comprender procesos en los que la sociedad del siglo XXI está inmersa. La sociedad post-industrial, la sociedad de la información, sociedad donde muchos postulan el fin de la historia (Fukuyama), podría estar al borde de convertirse en rehén de un fundamentalismo financiero y social capaz de recortar las posibilidades del ser humano más allá de lo que lo haya hecho nunca ningún régimen autoritario.

 Ibn Jaldun, el “observador de la historia”, escribió el libro Al-Muqaddimah (Los Prolegómenos de la Historia, + 1000 páginas) como fruto de sus largos viajes  a través del Norte de Africa y el Alándalus durante dos décadas en el siglo XIV, en su función de embajador en un tiempo especialmente convulso. La andadura fue puliendo su percepción como observador de los procesos de formación y declive humanos. En el capítulo XV del segundo libro aborda lo que pudiera entenderse como un análisis de ciclos y linajes,  sorprende cuando se lee como  descripción de leyes internas:

La Nobleza en un linaje alcanza su punto final en la cuarta generación en el mejor de los casos

Sabed que el mundo elemental (formado de los cuatro elementos) y su contenido están sujetos a la corrupción, tanto en su esencia como en sus accidentes; por ello las cosas y los seres de diversa clase, tales como los minerales, los vegetales y los animales (incluyendo al hombre), se transmutan y corrompen obviamente. De igual modo acontece respecto a los fenómenos que el mundo ofrece a nuestra observación. Tal se advierte en las condiciones que afectan a las cosas creadas, y sobre todo en lo que concierne al hombre: las ciencias, las artes y todas las cosas de éste índole, que nacen para desaparecer. La nobleza y el linaje ilustre, simples accidentes en la vida humana, sufren inevitablemente la misma suerte. Nadie hay entre los hombres cuya nobleza pueda remontarse, a través de una serie ininterrumpida de ancestros, hasta Adán. Exceptuando, no obstante, a nuestro santo Profeta, que había recibido esta distinción como una insignia de honor y a efecto de que la verdadera nobleza fuere conservada en el mundo. El estado que precede al de la nobleza puede designarse con el término exclusión; es decir: estar colocado fuera del mando y de los honores, y estar privado de miramientos y consideración. Eso significa que la existencia de la nobleza y el lustre procede de su no-existencia, como todo devenir. Ello llega a un término pasando por cuatro generaciones sucesivas, como explicaremos. El forjador de la gloria (de la familia) tiene plena consciencia de los trabajos que le ha costado, y mantiene las cualidades que la promovieron y que son la base de su preservación. El hijo que llega después que él ha tenido contacto personal con su padre y ha aprendido cómo debe conducirse. No obstante, es inferior en este respecto a su padre, en tanto que una persona que aprende cosas a través del estudio es inferior a quien las conoce por aplicación práctica. La tercera generación debe contentarse con la imitación, y en particular debe confiar en la tradición. Este miembro es inferior al de la segunda generación, en tanto una persona que confía en las costumbre es inferior a la persona que ejercita el juicio independiente. La cuarta generación es inferior a las precedentes en todos los aspectos. Ha perdido las cualidades que sostuvieron el edificio de la nobleza de su familia. Él incluso menosprecia esas cualidades, imagina que el edificio no se construyó desde sus cimientos mediante esfuerzo concienzudo. Piensa que es algo que se le debía por mor de su noble ascendencia, y no algo que era el resultado de las cualidades del esfuerzo de grupo (asabiyya) y cualidades individuales. Desconoce el origen de la grandeza de sus antepasados, ignora como se originó ese respeto y cuál era la causa; por ello se considera por encima de los integrantes de la asabiyya a la que pertenece, y cuyo espíritu coligativo aún se mantiene. Permanece convencido de su superioridad e ignora las cualidades que hicieron posible esa obediencia, la humildad mediante la cual sus predecesores habían apaciguado todos los espíritus y cautivado todos los corazones. Los miembros de su partida, indignados por la falta de consideración, le menosprecian, se revuelven contra él y lo sustituyen. Transfieren el liderazgo a otra rama de la misma estirpe. Tal resultado demuestra que la familia dominante se impone siempre por su asabiyya . El nuevo caudillo es escogida una vez se han convencido de la conveniencia de sus cualidades. Entonces la rama de la familia favorecida prospera, mientras que la familia del líder original se marchita y el edificio de su “casa” colapsa.

Este es el caso en todas las dinastías con autoridad real. También acontece en las “casas” de las tribus, en aquellas de los emires, y entre todos los componentes del vínculo agnático, también en las “casas” radicadas en la población urbana. Cuando una “casa” decae, sus colaterales la reemplazan. “Si Dios quisiera, os haría desaparecer y os reemplazaría por una nueva generación; porque Dios tiene en verdad poder para hacerlo.” (surah IV, ayat 132)

 La regla de que la nobleza de una familia se mantiene durante cuatro generaciones es en general veraz. Puede ocurrir que una “casa” pueda desaparecer y colapsar antes de las cuatro generaciones, otras llega a la quinta o sexta generación, aunque en un estado de declive y degeneración. Se han considerado cuatro generaciones, porque este número comprende al constructor (forjador), el continuador (que tiene contacto personal con el constructor), el imitador y el destructor…   

Notas. Texto basado en la traducción de Juan Ferés (1900) y cotejado con la traducción inglesa de Franz Rosenthal (1967)

 

Hadices. Sahih Muslim. Kitab al-Buyu. Libro concerniente a las transacciones

Ibn Abbas narra que el Mensajero de Allah dijo: “Aquel que compra grano para la alimentación no debería venderlo hasta que hay tomado plena posesión de ello.” (3640)

Se narra que Abu Hurarira le dijo a Marwan: “¿Acaso has legalizado las transacciones que implican interés? Marwan lo negó. Entonces Abu Huraira dijo: Has hecho legales las transacciones con la sola ayuda de documentos, olvidando que el Mensajero de Allah prohibió las transacciones de cereales hasta haber tomado plena posesión de ellos. Marwan se dirigió entonces a la gente y les prohibió implicarse en tales transacciones (las realizadas con ayuda de documentos). Dijo Suleiman: Vi como los centinelas les quitaban esos documentos a la gente.” (3652)

Abu Sa’id al-Khudri narra que el Mensajero de Allah dijo: “No vendas oro por oro, excepto que sean cantidades iguales, y no incrementes nada sobre ningún artículo; y no vendas plata por plata, excepto que sean cantidades iguales, y no vendas a cambio de dinero contante algo que se entregue más tarde.” (3845)

Abu Minhal narró: Mi socio vendió plata que debía pagarse en la época del Hajj. Mi socio me informó de ello y yo le dije: Una transacción así no es deseable. Mi socio respondió: La vendí a crédito en el mercado y nadie puso reparos. Me dirigí a al-Bara’b Azib y le pregunté, y él dijo: Cuando el Profeta vino a Medina nosotros hicimos una transacción así, ante lo cual él dijo: En el caso de que el pago se haga en el momento, no hay nada malo en ello, en caso de que se venda a crédito, se trata de usura. Mejor visita a Zaid ibn Arqam, ya que él es mejor comerciante que yo. Me dirigí a este, y este lo confirmó. (3859)

Jabir dijo que el Mensajero de Allah maldijo a quien aceptaba interés y a quien lo pagaba, a quien lo plasmaba por escrito y a los dos testigos, y dijo: Son todos iguales  ( 3881)

                                                                             * * *

La estricta prohibición de la usura, la prohibición de acaparar bienes alimenticios para especular con ellos o diferir el pago por motivos de enriquecimiento, son pilares fundamentales del Islam y así se aplicaron en Alandalus. Estas prescripciones se han visto  –en particular en Occidente-  como leyes rígidas producto de una mentalidad anacrónica, y nunca como una certera comprensión de los ingredientes necesarios para mantener relaciones íntegras dentro de una comunidad y la capacidad para que un grupo humano crezca sano.  En el Islam el canje inicial de objetos se sustituyó por la creación de la moneda (Ceca, casa de acuñación de la moneda, es una palabra de origen semítico) como vehículo de transacción que diese estabilidad al canje. Las monedas originales eran de plata (dírhams)  u oro (dinares), cuyo valor como metal precioso era igual al valor que representaban como moneda.

Alfonso VI comienza a acuñar moneda en el siglo XI (tras el paréntesis de la Alta Edad Media, donde se recurre al trueque y tan sólo circulan en la España católica algunas monedas islámicas andalusís o germánicas provenientes de peregrinos del Camino de Santiago). El inicio de la acuñación castellana está basado en modelos numismáticos andalusís, aunque en su caso el denario de plata ya sufre un deterioro, pues introduce una aleación de plata y cobre que se conocerá como vellón. Con mucha anterioridad el rey anglo-sajón Offa había acuñado monedas con la fórmula La Illaha illa Allah en el siglo VIII.

La moneda en su origen tenía un contenido talismánico (protector) que se ha perdido. Inicialmente la moneda acuñada contenía frases de algún texto revelado. En la civilización islámica la fórmula Bismillahi ar-Rahman ar-Rahim aparecía a menudo, en ocasiones La Illaha Ila Allah. El diseño circular de la leyenda englobaba  y encerraba sus características, en ocasiones algún diseño geométrico (estrella: khatim-najmah) acompañaba al texto. Visto con ojos contemporáneos puede parecer un  modo primitivo de ligar lo material con lo espiritual, pero precisamente ese es el elemento ausente en la civilización occidental. El plano material ya no mantiene una resonancia y armonía con planos superiores para que la comunidad crezca de acuerdo a patrones creativos. Es esencial que la moneda, uno de los elementos más dinámicos de intercambio y relación dentro de la comunidad,  mantenga esa resonancia y protección.

Algunos de estos diseños se transfirieron al papel moneda (originalmente una letra de cambio desarrollada por los mercaderes venecianos para evitar viajar con grandes cantidades de monedas de oro y plata). Hasta época reciente  papeles-moneda de muchos países han mantenido símbolos geométricos, estrellas enlazadas con formas caligráficas, cuyo origen talismánico es obvio, aunque ya no cumplen su función debido a la perversión del sistema que representan.

Alterar la moneda en el Alandalus era un crimen, castigado con la muerte en algunos casos. ¿Atavismo?   Interferir con la moneda mediante manipulación para degradar su aleación, o mediante su utilización fraudulenta vía la usura (un modo de alterar el valor de la moneda y de la transacción) envilecía lo moneda.  Alterar la moneda era alterar los factores de cohesión de un grupo social, una puerta de entrada a la corrupción del organismo; ciertamente no era un daño menor.

Esta visión de la moneda y la función que ejerce en la sociedad no se ha limitado al ámbito islámico. El clérigo, matemático y astrónomo Nicolás de Oresme, figura destacada de la ciencia en el siglo XIV, escribió  el “Tratado sobre el origen, naturaleza, ley y alteración de las monedas”, ahí sostuvo que era un grave error nacionalizar la moneda, que el estado creaba inflación al alterar la ley (aleación) de la moneda, y que la moneda falsificada producía inflación.

Uno de los pocos papeles moneda donde aún se conservan leyendas talismánicas es el dólar, en particular en el billete de 1 dólar,  en este caso pasado por el tamiz de la masonería (pirámide, ojo que todo lo ve,  “The Great Seal” /frase talismánica). Los símbolos, son tan solo un rastro de un proceso degenerativo. De hecho el dólar ha sido el papel moneda más reproducido en la historia moderna sin soporte real que de validez al intercambio que representa. No existe parangón en la historia a la capacidad del dólar para generar inflación.

En un artículo particularmente lúcido  Abdel Haqq Bewley traza la “Historia de la Usura” y describe el proceso mediante el cual los usureros marginales que existían en la Edad Media, un mal menor condenado por todas las religiones, pero tolerado por la nobleza a causa de sus necesidades rápidas de dinero, se aplicaron al proceso de generar dinero a través del préstamos de dinero (no ligado a ninguna actividad de generación de riqueza mediante el esfuerzo en arte, oficio o industria),  de este modo se fueron adueñando de las propiedades de la clase noble y cambiaron las reglas de juego para las clases populares, obligando a una desubicación de las actividades económicas tradicionales. Esos usureros, sobre todo a raíz de la introducción de la letra de cambio y los depósitos bancarios,  pasaron a dominar la actividad económica y se convirtieron en banqueros y estrategas del nuevo orden social. En el curso del tiempo la economía financiera ha engullido la economía real (intercambio de bienes y servicios) y ha creado su propio monstruo inflaccionista que devora sociedades y países, puede ser tentador preguntarse si la cuarta generación de usureros va a sustituir a la nación-estado … o quizá ya lo haya hecho?

Al desestimar la pariedad oro-moneda emitida (o valor a reclamar en oro: 1 onza de oro = 35 dólares) en el año 73, el presidente Nixon dio el carpetazo definitivo a un patrón de intercambio de esfuerzos y energía dentro de la comunidad que se había mantenido durante más de un milenio, a cambio institucionalizó el papel estampado que el estado emite con un valor nominal, y cuyo valor real oscilará en función de los ajustes y desfases que marcan los mercados financieros (los usureros de la cuarta generación).

Con ser fácil atribuir a la sociedad americana la responsabilidad por toda suerte de males, hay que tener en cuenta que es la sociedad más dinámica del presente, donde con más facilidad se muestran los cambios en el signo de los tiempos. Hay que recordar también que los padres fundadores del estado americano (donde confluyeron las esperanzas de muchos grupos sociales que huían de las persecuciones de la vieja Europa) fueron algunos de los estadistas más lúcidos de la época moderna, ajenos a las ligaduras del poder como hoy lo entendemos:

Párrafo de la carta que Thomas Jefferson, tercer Presidente de Estados Unidos, envió en 1816 a John Taylor:

 Thomas Jefferson
May 28, 1816
Monticello

 …The system of banking we have both equally and ever reprobated. I contemplate it as a blot left in all our constitutions, which, if not covered, will end in their destruction, which is already hit by the gamblers in corruption, and is sweeping away in its progress the fortunes and morals of our citizens…

And I sincerely believe, with you, that banking establishments are more dangerous than standing armies; and that the principle of spending money to be paid by posterity, under the name of funding, is but swindling futurity on a large scale.

I salute you with constant friendship and respect.

 …El sistema de la banca nosotros lo hemos reprobado por igual. Yo lo contemplo como un borrón en todas nuestras constituciones, que, si no se protegen, terminará en su destrucción,  que ya están siendo golpeadas por los jugadores corruptos, y está arrasando en su progreso, la fortuna y la moral de nuestros ciudadanos.

Y sinceramente creo, junto con vos, que los establecimientos bancarios son más peligrosos que los ejércitos en pie de guerra; y que el principio de gastar dinero para ser retornado por las generaciones futuras –hecho bajo el nombre de financiación- no es sino una estafa al futuro a gran escala.

Os saludo con una amistad constante y con respeto.

                                                                       *   *   *

Poco cabe añadir a estas líneas, tan sólo retomar el discurso inicial y presentar la “ciencia de los humanos” de otro modo,  menos identificado con una cultura y un tiempo, sino como levadura capaz de crecer y dar sentido trascendente dentro de sociedades y tiempos. En el Alandalus -que no hemos sabido heredar- una misma palabra tenía dos significados, como el istmo que separa los dos mares: nafs en tanto egoísmo, que enmascara la identidad añadiendo falsos andamiajes. La misma palabra en su sentido superior implica respiración, aliento vital. Abramos la respiración (Nafs):

Origen de las zawiyas * (rincón, hogar donde el ser humano pule su percepción) 

Dice la leyenda que las zawiyas se originaron de este modo:

Un hombre pobre caminaba por un sendero al lado de un río cuando vio una extraña bandera y a un grupo de hombres comiendo.

Él procedía de un país remoto donde las banderas y telas se desplegaban como signo de que la hospitalidad para viajeros estaba disponible gracias a un piadoso legado establecido por alguna persona devota del lugar.

Así que el viajero se sentó y comenzó a comer. Los forasteros le alimentaron y, después que hubo comido, le enseñaron los grandes y poderosos secretos de la humanidad que los hombres no conocían en esa época.

Entonces, él les preguntó: -¿Acaso no habíais puesto esta comida aquí para los viajeros?

Ellos se echaron a reír:

-No, estábamos comiendo nuestra propia comida, y no sabíamos nada de tus costumbres o las de este país. Venimos desde una remota estrella, y a través de la observación de las costumbres y orientación de la gente descubrimos que aquí se ha perdido el conocimiento del hombre,  y nos asentamos en esta tierra. Al hacerlo nos hemos exiliado de nuestro propio origen, y ahora no tenemos medios para regresar. De modo que nos quedaremos aquí; y en vez de retornar, instituiremos la costumbre de la Zawiya, porque este es un modo mediante el cual el conocimiento del hombre será transmitido a la posteridad.

Este hombre, conocido como el Pobre, se quedó ahí para atender a los viajeros, a quienes enseñó el conocimiento y ceremonial necesarios, mientras sus maestros se dispersaron a través del mundo. Así, se idearon y mantuvieron métodos para transmitir las enseñanzas, cada uno adaptado a cierta tribu, o país, o ciudad.

(Journeys with a Sufi Master. H B M Dervish,  por cortesía de Octagon Press )

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