La ciencia de las Letras

La Ciencia de las Letras (Ilm al Huruf) y de los Números (Ilm al Abjad)

                                                     

Francisco Martínez Dalmases

En el año 1884 apareció un importante fondo de libros islámicos en una remodelación de una casa de Almonacid de la Sierra. Estos manuscritos, “libros tapiados”  -escondidos en una cámara entre dos pisos, a la espera de un cambio de circunstancias que permitiese su lectura una vez más- proceden del siglo XV y XVI. Algunos están escritos en gran parte en árabe, mezclado con aljamiado, e incluso trozos en romance, lleno de giros y modismos aragoneses.

Una parte del fondo se perdió a causa de la ignorancia destructiva en el momento del descubrimiento, otra pasó a engrosar bibliotecas privadas de algunos eruditos, que vieron la oportunidad de apropiarse de manuscritos de gran valor al amparo de una supuesta investigación. Entre los manuscritos que se consiguieron agrupar y fueron catalogados por la Biblioteca de la Junta, y cuya enumeración publicaron Asin Palacios y Ribera en 1912, destaca el manuscrito J/22, depositado en la actualidad en el Instituto de Filología del CSIC/Instituto Miguel Asin.  Este manuscrito se conoce con el título: “Libro de los Dichos Maravillosos. Misceláneo morisco de magia y adivinación”. Ana Labarta publicó una traducción en 1990, atribuyendo su redacción a Mohammed Escribano, que a su vez copiaría de fuentes originales muy anteriores.  

Este texto muestra un conjunto de actividades que se han catalogado de magia, adivinación, hechicería, ciencias ocultas. Al margen del acierto o no al describir otra cultura y tiempo -y conocer la utilidad del manuscrito en ese contexto- se puede reconstruir una parte del contenido en base a la propia ciencia  (Ilm) de su origen. Un dibujo al inicio del manuscrito muestra el siguiente cuadrado mágico:

د

ط

ب

ج

هـ

ز

  ح

أ

و

 “esti es sillo para sillar los talismanes”

Es el conocido cuadrado mágico de Saturno (9 casillas), que da una constante de 15 en su valor numérico, cuando se sustituyen las letras por números en base al sistema Abjad:  Alif=1; Ba=2; Jim=3; Dal=4; Ha=5; Wau=6; Zay=7; Há=8; Ta=9; Ya=10; Kaf=20; Lam=30, etc.  Hay que tener en cuenta la diferencia de significado de este diseño. En árabe el cuadrado mágico se conoce como Awfaq = armonizar, traer armonía. El objetivo de un diseño es armonizar determinadas situaciones, fuerzas, acontecimientos,  mediante una asociación de factores armónicos, no la “intervención mágica” como se entiende en Occidente.  “Traducir” el cuadrado mágico a una base de letras latinas y números, nos da los siguientes valores:

D

T

B

 J

H

Z

 .H

A

 W

4

9

2

3

5

7

 8

1

6

Existen muchos Awfaq de diferente hechura: cuadrado del 4 (16 casillas-Júpiter), del 5 (25 casillas-Marte), del 6 (36 casillas- Sol), del 7-Venus, del 8-Mercurio, del 9-Luna, y de potencias superiores. El cuadrado mágico de Saturno (también conocido como cuadrado de Al-Ghazzali, ya que el filósofo y místico islámico expuso algunas de sus características  en el siglo XII en el libro La Liberación del Error) es especialmente importante porque relaciona de modo armónico los 9 números o potencias a la que todos los números finalmente revierten mediante lo que se conoce como suma teosófica o extracción del mercurio radical. Ejemplo: 19581987= 48 = 12 =3

Podría decirse que cualquier operación matemática lleva en sí el número raíz de sus ingredientes, y el número esencial que generará la interactuación de los elementos mediante sus reglas de cálculo.

En la magia popular islámica existe una palabra que aparece con frecuencia: baduh, por muy deteriorado que sea su uso, inicialmente se basa en este cuadro, relaciona los números pares en secuencia ascendente: 2 (b) – 4(d) – 6 (w-u) – 8 (h.). Menos conocida, existe otra palabra “mágica”: ajhazat, que correspondería a la relación de números impares: 1-3-5-7-9.  Si el cuadrado se leyese según la dirección de sus rangos (modelo semita, de derecha a izquierda), nos encontraríamos con las palabras: Bated Zahej Wah. La lectura según su rango numérico nos conduciría a las siguientes palabras: Abjad Hawaz Hut.  Todas estas palabras forman parte del lenguaje “bárbaro” que se atribuyó a los moriscos y descendientes de musulmanes en España, y que de algún modo marcaba sus supersticiones y reforzaba la necesidad de erradicar esta cultura.

En la cosmología islámica Adam, padre de la humanidad, es creado a partir de arcilla por Allah y sobre él insufla el soplo del ruh (el espíritu). Allah lo presenta ante los ángeles –seres creados a partir de Luz-, que no pueden entender la predilección por esta endeble creación.  (Surah II. 30-34): Respondió (Allah) “Ciertamente, yo sé lo que vosotros no sabéis.” Y enseñó a Adam los nombres de todas las cosas; luego se las mostró a los ángeles y les dijo: “Decidme los nombres  de estas cosas, si es verdad lo que decís.”

Dijeron: “¿Gloria a Ti! No tenemos más conocimiento que el que Tú nos has impartido. Ciertamente, sólo Tú eres omnisciente, sabio.”

Dijo: “Oh, Adam. Infórmales de los nombres de estas.”

 Adam conoce el Nombre de las cosas, puede invocar (re-crear) su realidad a partir de las Letras y de los Números. Este lenguaje adámico, conocido como surianiyya, se convierte en instrumento de acceso a la esencia de toda la creación.  

 El alifato árabe lo constituyen 28 letras, que corresponde con exactitud a la tabla combinatoria de las 7 fuerzas (Saturno-Júpiter-Marte-Sol-Venus-Mercurio-Luna), que bajo su disfraz de nombres astronómicos, en realidad corresponden a las 7 modulaciones que el Ruh (espíritu universal) adquiere en nuestra dimensión espacio-tiempo; dicha modulación, combinada con los 4 humores clásicos: Fuego-Aire-Agua-Tierra, da lugar a 28 articulaciones, cada una ocupada por una letra, tanto en su nivel de grafía como a nivel de fonema e incluso como configuración energética.

El investigador Pierre Lory es un de los pocos occidentales que se ha adentrado en la Ciencia de las Letras desde su dimensión cosmológica. En su artículo Al-simiya  /Cahiers de l’Université Saint Jean de Jerusalem, no.11 expone:

La cifra se manifiesta en la letra, la letra encuentra su ritmo, su vida, a través de la cifra. El paralelismo con la estructura del mundo es explícita: la cifra, el espíritu, corresponde a los datos del mundo arquetípico (alam al-jabarut), la letra sonora al mundo de las entidades sutiles (alam al-malakut), y la letra escrita refiere al mundo de los cuerpos densos. De ello los pensadores de la simiya leerán el conjunto de los ritmos del mundo en fución de las 28 letras del alfabeto árabe. A cada entidad le afectará una o más letras: a los ángeles como a los cielos visibles, a los planetas y las constelaciones, a cada signo zodiacal, a cada día de la semana, a cada hora del nychtamero (ciclo biológico de veinticuatro horas), como a cada elemento natural siguiendo su densidad, a los medicamentos. A esta repartición vendrán a incorporarse las polaridades propia del alfabeto árabe, entre las 14 letras luminosas (letras aisladas al inicio de 29 surahs de El Corán) y las 14 tenebrosas; entre las 14 letras solares y las 14 lunares (asimilables fonéticamente al inicio de una frase o no), etc.  Así todo el universo, desde los átomos terrestres hasta el Trono de Dios, se leerá como una inmensa galaxia de significados que transmiten sin cesar nuevos datos de un pensamiento cósmico en movimiento.”

Las extraordinarias posibilidades que se abren al actuar con fórmulas que corresponden con modelos verbales y numéricos armónicos –como se define en el cuadrado de Saturno- se ha utilizado en la cultura islámica, en particular en el Tasawwuf, desde sus inicios. Este metalenguaje –al margen de su uso en grupos sociales deteriorados- abre un espacio donde es posible obtener una “revelación” a través del lenguaje y los números, que facilitan el contacto con un patrón de realidad a otro nivel.

Lamentablemente, la fragmentada civilización hispano-musulmana -los moriscos-  hubieron de enfrentarse con la Inquisición y la Ideología Única… Han tenido que pasar muchos siglos para que la sociedad comience a investigar las posibilidades del metalenguaje.

Es difícil romper barreras que identifican a grupos sociales con determinados valores o creencias. No obstante, y a modo de ejercicio, podemos tomar el cuadrado de Saturno y explorar algunas de sus posibilidades. El valor numérico total del cuadrado de 9 casillas es = 45 (1+2+3+4+5+6+7+8+9). Si utilizamos la tabla Abjad y  traducimos a letras, una de las posibilidades es el nombre Adam (nombre semítico para el padre de la humanidad):  Alif = 1; Dal= 4;  Mim=40.   El valor numérico de cualquiera de las columnas (horizontal-vertical-diagonal) es 15. Podemos traducir este valor numérico a letras y nos encontramos con el nombre Hwa (nombre semítico de Eva, madre de la humanidad): Ha=8; Wau=6; Alif=1. Podemos tomar estos dos Nombres: Adam Hwa (Adán  Eva) e interrelacionarlos con la partícula و  wau (y en lengua latina) y obtenemos el Nombre Adán y Eva, cuyo valor numérico será: 45+6+15 = 66 = Allah.  Codificado en el cuadrado de Saturno podemos vislumbrar que el enlace armónico (و ) de Adan y Eva (principios masculino y femenino) da lugar a la manifestación de la Divinidad.

 @franciscomartinezdalmases

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